El coronavirus un desafío a nuestra fe

por | Abr 1, 2020 | Editorial

Los momentos que vivimos a causa de la pandemia provocada por el coronavirus desafía a nuestros gobiernos, nuestras economías, nuestros sistemas de salud y especialmente a nuestra fe cristiana. No es la primera vez en la historia de la humanidad que pandemias y crisis colectivas desafían nuestra fe y nos presentan interrogantes sobre cómo podemos responder de forma efectiva a la lamentable realidad que nos rodea.

Durante los años 249 al 262, Europa fue devastada por una de estas pandemias mortales. No se sabe exactamente cuál fue la razón de la plaga, pero se cree que tan sólo en la ciudad de Roma 5.000 personas morían diariamente durante la etapa más severa del brote. Según cuenta la historia, los no cristianos abandonaban sus víctimas y huían de sus seres queridos, arrojándolos a las calles, inclusive antes que estuvieran muertos, y tratando los cadáveres como basura. Todo esto por temor a ser contagiados con esta terrible plaga.

No se sabe exactamente cuál fue la razón de la plaga, pero se cree que tan sólo en la ciudad de Roma 5.000 personas morían diariamente durante la etapa más severa del brote.”

La respuesta cristiana fue muy distinta. Según el obispo Dionisio de Alejandría, ellos sirvieron valientemente a los enfermos hasta que muchos contrajeron la enfermedad y murieron.  Él cuenta:

La mayoría de nuestros hermanos cristianos mostraron un amor y una lealtad ilimitados, nunca se reservaron y solo pensaron en los demás. Sin prestar atención al peligro, se hicieron cargo de los enfermos, atendiendo todas sus necesidades y ministrándolos en Cristo. Muchos cristianos fueron infectados por otros con la enfermedad cuando socorrían a sus vecinos y partieron de esta vida serenamente felices.  (https://erenow.net/common/the-history-of-the-church/8.php)

Un siglo después el emperador Juliano, de una forma sarcástica, reconoció que la respuesta de los cristianos en esa época fue muy diferente a la de los no cristianos. En una de sus cartas del año 362 dC, Juliano se quejó de que los helenistas necesitaban igualar la virtud de los cristianos, especialmente, como él lo describe en su “benevolencia hacia los extraños, su cuidado por las tumbas de los muertos y la pretendida santidad de sus vidas”. En otro lugar escribió: “Porque es una desgracia eso… los impíos galileos [cristianos] apoyan no solo a sus propios pobres sino también a los nuestros” (https://en.wikisource.org/wiki/Letters_of_Julian/Letter_22). 

Nos impresiona como nuestra familia Metodista Libre en Latinoamérica está respondiendo de la misma forma que nuestros antepasados cristianos. Muchos de ustedes, están preparando alimentos y distribuyendo a los más necesitados. Muchos han recolectado y distribuido mercados a las familias más necesitadas. Otros están atentos a sus vecinos y ancianos, cuidándolos y sirviendoles en compras de alimentos o medicina.

Estos días de Semana Santa nos recuerdan la profundidad del amor de Dios para cada uno de nosotros. En la cruz Cristo expresó su amor de una forma profunda y desinteresada. En esa misma forma debemos amarnos unos a otros. De gracia hemos recibido, demos de esa misma gracia. Estamos llamados a resistir el miedo y el pánico, a modelar un espíritu de paz y servicio a todos aquellos que lo necesitan. Estamos llamados a ser agentes de restauración y a encarnar el amor de Dios por todos, aun por aquellos que no pertenecen a la familia de fe. Como nos recuerda el apóstol Pablo en Romanos 13:8, “No tengan deudas pendientes con nadie, a no ser la de amarse unos a otros”.

En estos momentos, debemos aprender de nuestros antecesores cómo podemos responder a los desafíos provocados por el coronavirus. Observemos como los no cristianos del Imperio Romano enfatizaron la autopreservación, mientras que los cristianos se enfocaron en el servicio valiente y sacrificial. Mientras que los no cristianos huyeron de las epidemias, abandonado a sus seres queridos por temor a no contagiarse, los cristianos enfrentaron la epidemia a través del servicio a los creyentes y no creyentes, viendo su propio sufrimiento como una oportunidad para difundir el evangelio y modelar el amor de Cristo. Con esto no estoy sugiriendo que hagamos caso omiso a las regulaciones de quedarnos en casa, pero sí sugiero que debemos buscar formas creativas y prácticas sobre cómo expresar amor a aquellos que nos rodean.

Dr. Ricardo Gómez es el Director de Área para la Iglesia Metodista Libre en Latinoamérica. Él es presbítero y ha servido la iglesia como plantador de iglesias, pastor, profesor, y misionero entre otras. Está casado y tiene dos hijos.

 

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