Su profundo amor nos redimió

por | Dic 1, 2021 | Formación ministerial, Hechos 30 | 0 Comentarios

Susana sufría una grave enfermedad muy poco común. Su única esperanza de recuperación parecía ser una transfusión de sangre de su hermano, que tenía cinco años y milagrosamente había sobrevivido a esa misma enfermedad, por lo que había desarrollado anticuerpos necesarios para combatirla.  

El médico explicó  la situación a su hermano y le preguntó si estaría dispuesto a darle  sangre a su hermana. El niño vaciló unos instantes; luego respiró profundamente y respondió:  – Sí,  si  con  eso ella se salvará, lo haré. 

Mientras se realizaba la transfusión, el niño estaba acostado en la cama junto a su hermana, sonriente, al igual que todos los presentes, que veían que la niña le volvía los colores. Luego se puso pálido y se desvaneció la sonrisa. Miró al médico y le preguntó con voz temblorosa:  – ¿Me empezaré a morir enseguida? 

El niño no había entendido bien al médico. pensaba  que para salvar a su hermana tendría que darle toda su sangre. ¡Qué hermosa y tierna muestra de amor!  

¿Conoces ese tipo de amor sacrificial? En esto hemos conocido el amor, en que Él puso su vida por nosotros; y nosotros debemos poner nuestras vidas por los demás. 

Dios no nos ama por ser quienes somos, sino por ser Él quien es. Es el Creador de todas las cosas, el Todopoderoso. Es omnipotente y omnisciente, y a pesar de todo nos ama. De hecho, no solo nos ama a nosotros y a los que agradecen el gran sacrificio que Él hizo al entregar a Su único Hijo para que muriera por nosotros, sino que ama por igual y de forma incondicional a cada persona del mundo.  

Su amor es incondicional, es un amor que no se sujeta a restricciones algunas, es constante, que no tiene límite y se define a veces como aquel que se entrega libremente a la persona amada. Demostrar nuestra gratitud a través de la fe, la espiritualidad y las buenas acciones son  parte de ese gran amor. 

No hay mejor momento, en víspera de la navidad para  que todos podamos mostrar esa luz y nos dediquemos a los principios que nos enseñó Jesús, en transmitir a los demás su amor incondicional porque en esto consiste su amor.  Jesús dijo que los dos mandamientos más importantes son “ Amar a nuestro Dios, con todo nuestro corazón y amar a las personas  como a nosotros mismos . Si lo tomamos como punto de referencia, entenderemos que debemos modelar ciertos atributos de Dios como son Su amor, Su compasión y Su misericordia, igual que lo hizo Jesús. 

La auténtica práctica de nuestra fe consiste en acción tanto exterior como interior; exterior al ofrecer ayuda a los demás, e interior en forma de nuestra devoción a Dios. Santiago dijo: “La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y guardarse sin mancha del mundo” (Stgo.1:27). 

Manifestar nuestra fe no es una actividad puramente interior; se nos exhorta a expresarla mediante acciones que muestren el carácter de Cristo. Eso significa dedicar a los demás un tiempo que de otro modo empleamos en intereses personales. Significa abandonar nuestros planes preestablecidos para ayudar a personas que están en apuros. Significa vivir nuestra fe mediante actos intencionados que beneficien a personas que tienen alguna necesidad. 

¿Han experimentado otras personas el amor de Dios a través de ti?  Necesitamos esa transfusión de ese amor de Jesús que mueve nuestro corazón a favor de otros.    

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