La familia en tiempos del Covid 19

por | Jun 3, 2020 | Editorial

La vida familiar nunca es fácil. Sin embargo, en medio de la crisis causada por el COVID-19, las noticias sobre violencia intrafamiliar se han incrementado dramáticamente. Esta triste realidad está presente en todos nuestros países sin importar cultura, nación, lengua, ni estatus socioeconómico. Lo anterior demuestra lo quebrantados y afectivamente desvinculados que estamos. Nos hemos dejado absorber por una malsana cultura de consumismo, trabajo, moda, activismo, estudio y nos hemos olvidado de cultivar las relaciones más trascendentales. 

Al mirar las Escrituras vemos que el panorama no es muy diferente. En la Biblia encontramos historias familiares tristes y difíciles de comprender; familias en las que hubo violencia intrafamiliar y actitudes malsanas y destructivas. En el jardín del Edén atestiguamos como una de las primeras consecuencias del pecado, la desunión familiar: se avergüenzan y se culpan. Abel es asesinado por su hermano Caín. El hijo menor de Noé se burla de su padre y este maldice su descendencia. Lot ofrece a sus hijas a hombres depravados para liberar a los hombres de Dios. Abraham despide a Agar con su hijo Ismael al desierto. Jacob y Esaú siendo hermanos se vuelven enemigos. Los hermanos de José lo venden como esclavo. Elí es un padre ausente que se ocupa más de sus quehaceres eclesiales que de sus hijos. David es adúltero y luego tiene que presenciar la violación de su hija a manos de otro de sus hijos. ¡Tiempo nos faltaría para seguir mencionando estos ejemplos de la tragedia familiar que vivimos! 

 

Nos hemos dejado absorber por una malsana cultura de consumismo, trabajo, moda, activismo, estudio y nos hemos olvidado de cultivar las relaciones más trascendentales”.

Sin embargo, debemos recordar que la familia fue la creación de Dios y que Él consideró que era “muy buena”. En Génesis 2:18-22 encontramos el diseño original de Dios. En ese diseño lo primero que resalta es que la familia es la respuesta a la soledad. Dios mismo es quien señala que el ser humano está solo (a pesar de que estaba en armonía con Dios y el resto de la creación); es decir, que no tenía una compañía adecuada para compartir la vida. En estos tiempos de confinamiento necesitamos recordar que Dios no nos creó para el individualismo, que fuimos creados como seres en relación, y que nuestras familias, aunque no son perfectas, son su principal regalo de amor para relacionarnos con otros seres humanos. 

Por otra parte, el v. 23 nos presenta la exclamación de Adán al ver a la mujer: ¡Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Esto suena a declaración de amor, aceptación y reconocimiento. Imaginemos la cara de Eva al escuchar a Adán. ¡Cuanta falta hace en muchos hogares una cultura de reconocimiento mutuo y cuánto mejorarían las relaciones intrafamiliares si nos empeñáramos en desarrollarla! Es que la familia debe ser ese refugio en el que cada miembro se pueda sentir amado, aceptado y valorado. Los cónyuges deben verse mutuamente como la bendición de Dios (Proverbios 18:22) y a sus hijos como un regalo divino (Salmo 127:3). 

 

La pregunta entonces es ¿cómo podemos vivir en el diseño de Dios para la familia y no en la tragedia causada por el pecado? Debemos reconocer la necesidad de ver nuestras familias a la luz de la cruz. Esto significa reconocer que la obra de Cristo no es solamente un cheque en blanco que podremos cobrar cuando muramos, sino que debe impactar todo nuestro entorno. Es muy diciente que los apóstoles Pedro y Pablo incluyeron nuevos códigos familiares bajo los que debían regirse los hogares cristianos (Colosenses 3: 18-21, Efesios 5:21-6:4 y 1 Pedro 3:1-7). 

Necesitamos actualizar esos códigos para nuestros días. Quizás dirían algo como: “Dale a tu familia el más alto lugar después de Dios. Esposos y esposas, padres e hijos hagan cada día un alto para abrazarse, besarse, y mostrarle a cada miembro de la familia que no está sólo y que es amado, aceptado y valorado. Padres estén dispuestos a jugar con sus hijos. Hijos ayuden con las tareas del hogar. Cuenten anécdotas, chistes y ríanse mucho. Hablen cada día y por supuesto oren, lean la Biblia y adoren juntos a Dios. Sean creativos pensando en el bien común. Esfuércense en mantener las rutinas, elaborando un cronograma balanceado que incluya actividades de estudio y trabajo pero también de descanso y entretenimiento. Y recuerden mostrar y hablar del amor de Dios a sus familiares, amigos, y conocidos”.

Es verdad, ser familia nunca ha sido fácil y no encontramos un modelo de familia perfecta. Pero en Dios es posible construir familias santas que sean un reflejo del diseñador original de la familia.

Debemos reconocer la necesidad de ver nuestras familias a la luz de la cruz. Esto significa reconocer que la obra de Cristo no es solamente un cheque en blanco que podremos cobrar cuando muramos, sino que debe impactar todo nuestro entorno.

Susana Isabel Castro Presbítera del distrito misionero de Colombia y Pastora de Camino de Vida Iglesia Metodista Libre en Medellín. Casada y con dos hermosas hijas. 

 

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