Cómo consolar a otros en medio de nuestro propio dolor

por | May 7, 2020 | Editorial

El sufrimiento es una realidad universal que todos, aun los cristianos, debemos aprender, aceptar y responder. Esto es parte de lo que nos recuerdan las más de 230.000 víctimas fatales que ha cobrado el coronavirus por el mundo en los últimos 5 meses.  

El cristianismo nos enseña esta misma verdad desde sus orígenes. Fue a través de la debilidad y el dolor que Dios nos salvó y nos mostró, de la forma más profunda, su infinita gracia y amor. Es en ese dolor que encontramos la sabiduría infinita, pues, de un solo golpe, el justo requisito de la ley fue cumplido y el perdón para los transgresores fue asegurado. En un mismo instante, el amor de Dios y su justicia fueron plenamente satisfechos. Jesucristo, el mesías esperado, vino a morir para acabar con la muerte y fue a través de su debilidad y sufrimiento que el pecado fue exterminado. Esta fue la forma de terminar con el mal sin terminar con nosotros. 

En un mismo instante, el amor de Dios y su justicia fueron plenamente satisfechos. Jesucristo, el mesías esperado, vino a morir para acabar con la muerte y fue a través de su debilidad y sufrimiento que el pecado fue exterminado

Jesús mismo no nos trajo salvación y gracia sin su infinito sufrimiento en la cruz. Él nos amó lo suficiente como para enfrentar el dolor con paciencia y coraje. Nosotros debemos confiar suficientemente en él para hacer lo mismo. Muchas de nuestras iglesias y de nuestros líderes están respondiendo de una forma significativa a las necesidades de muchas personas y comunidades. Muchas de estas iglesias están aprendiendo que así como la debilidad y el sufrimiento condujeron a Cristo al poder de la resurrección, también a nosotros estos momentos de oscuridad nos conducirán a ser luz en un mundo que desesperadamente necesita que alguien les guíe a encontrar el camino de paz y restauración. 

Dios nos ayude a no ser ajenos al dolor de aquellos que sufren, y que por el contrario nos identifiquemos con aquellos que más sufren y respondamos a través del amor que Cristo nos enseñó. Dios nos ayude para que así como Cristo nos provee y consuela, nosotros seamos agentes de provisión y consuelo para todos aquellos que nos rodean. Esto es precisamente lo que nos recuerda el apóstol Pablo en 2 de Corintios 1:3-5 cuando escribe: 

“Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren. Pues, así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así también por medio de él tenemos abundante consuelo”.

Dr. Ricardo Gómez es el Director de Área para la Iglesia Metodista Libre en Latinoamérica. Él es presbítero y ha servido la iglesia como plantador de iglesias, pastor, profesor, y misionero entre otras. Está casado y tiene dos hijos.

 

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